Dentro de la Manzana

Viajar, ya sea por motivos laborales o profesionales, es la mejor manera para darnos cuenta de que no somos mejores ni peores que el resto, que tan sólo somos uno más dentro del enorme puzle de culturas, tradiciones y formas de pensar que tenemos en el mundo.

Dentro de mi profesión, el turismo, viajar es la razón de ser. Y qué mejor ocasión para aprovechar cada desplazamiento y continuar aprendiendo de los buenos profesionales aquí y allá. Esa fue una de las razones que me hizo irme a vivir a Estados Unidos desde mediados de Septiembre hasta principios de Noviembre de este año, concretamente a Nueva York, capital del mundo para muchos y una de mis ciudades favoritas, a la que siempre me gusta volver.

Buenos profesionales en turismo hay en todas partes, y tengo la suerte de conocer a muchos de ellos, compañeros y amigos, por lo que no era necesario irme fuera de España. Pero la idea es otra. La idea es vivir otros puntos de vista, otras formas de trabajar. El mercado norteamericano, en el sector turístico, es bajo mi punto de vista, excelente. No sólo por la calidad del cliente (siempre dentro del entorno del turismo de lujo al que me dedico), sino por los métodos de trabajo de los agentes de viajes y profesionales dedicados a ello. Los norteamericanos tienen algo que saben hacer a la perfección: saben vender. Y en ese aspecto, en España estamos aún muy lejos.

No creo que se trate de criticar a cómo promocionamos el turismo en España. De hecho, somos uno de los países más visitados del mundo, por tanto un ejemplo a imitar por los demás. Pero en mi opinión, somos un mercado que vive de la renta, y que necesita renovarse o moriremos de éxito. Las felicitaciones por obtener un récord de visitantes son bienvenidas, pero la calidad de los mismos deja bastante que desear. Por ello, me preocupé en preguntar a muchos de los profesionales turísticos y clientes con los que estuve en Nueva York sobre España, sobre sus impresiones y puntos de vista.

Al preguntar sobre qué idea tenían de España recientemente, la gran mayoría me habló de modernidad, museos, cultura y gastronomía, algo positivo pues hace varios años quizás algunos de esos conceptos no habrían aparecido.

Ante mi pregunta si recibían información o noticias puntuales sobre España como destino, muchos respondieron que sí pero con matices, pues esa información les llegaba de forma intermitente, o con noticias repetitivas o ya habituales. Y al consultar sobre las palabras que aparecen en su mente al hablar sobre el turismo en España, la réplica es aplastante: sol, playas, tapas. La España de siempre, la que tan bien promocionamos a principios de los 70, y cuyo cliché sigue anclado en la mente de todos. Afortunadamente, otros conceptos han ido añadiéndose: la cultura, la gastronomía (fundamental en mi opinión) y las compras. Mi mercado es el turismo de lujo, pero cuando pregunté sobre si España es un destino de este tipo, la gran mayoría me dice que no lo ve así, salvo excepciones. Y la razón es obvia: el servicio.

No se trata de desprendernos de lo que nos ha dado de comer desde hace años (y sigue haciéndolo), sino de modernizarlo, renovarlo, darle un giro. El turismo de calidad que llega desde Estados Unidos (y desde muchos otros países), está acostumbrado a un trato personal, a no esperar, y nuestra mentalidad, nuestra idiosincrasia, nos hace tener que esforzarnos para ello. Dentro del turismo de lujo, tan sólo hemos empezado a andar, mientras otros países llevan ya un buen trecho. Y precisamente por ello debemos mirar al que lo hace bien, al que sabe, aprender de los demás, y aplicar posteriormente nuestro propio toque para diferenciarnos del resto.

Mi ciudad, Sevilla, es una de las ciudades con mayor crecimiento turístico en los últimos años. Algunos de los agentes con los que estuve en Estados Unidos me comentaban que su imagen de la ciudad es difusa. Si les hablo de la gastronomía y tapas, varios se sorprenden cuando les digo que Sevilla es la cuna del tapeo. Ah, ¿pero y Barcelona? – me dicen. No todos aciertan a decirme un monumento de la ciudad, pero varios me hablan de Málaga y sus museos, la Alhambra de Granada… y me preguntan si hay buenas conexiones a Sevilla. El cliente de alto nivel no quiere hacer muchos transbordos ni conexiones.

Nos queda mucho por hacer, pero creo que vamos por el buen camino. Algunas cosas esenciales, en mi opinión, para ir situando Sevilla, Andalucía y por ende, España, en el concierto internacional de destinos exclusivos, son:

Infraestructuras – conexiones aéreas y aeropuertos bien conectados a la ciudad. Imprescindible.

Alojamiento – hoteles que ofrezcan trato personalizado. Tenemos muchos hoteles de 5 estrellas, pero muy pocos hoteles de lujo.

Servicio – lo más importante, las personas que lo hacen posible, la base de todo. Cambiar nuestra mentalidad, entender que el cliente es el protagonista, formarse adecuadamente, idiomas, dedicación.

Experiencia – ciudades para pasear, tecnológicamente preparadas, museos y tiendas abiertos más si cabe (el turismo de lujo no entiende porqué un domingo no se puede ir de compras).

Diferenciación – Vender siempre lo mismo tiene fecha de caducidad. Hay que ser creativo, sorprender, ser diferente al resto. Todos mis clientes me piden experiencias nuevas, exclusividad, y servicio.

En España tenemos algo que no tienen los demás: alegría, gente abierta, buen tiempo, ganas de vivir. Si dejamos de pensar que somos los mejores y que aquí se vive mejor que en ningún sitio (cierto sin duda, pero relativo), y ofrecemos toda esa capacidad de potenciar lo nuestro entre nosotros y lo trasladamos fuera, esa será la clave para desarrollar un turismo de calidad y que satisfaga todas las necesidades de quienes nos visitan. No se trata de cambiar para los demás, sino adaptarnos a la vez que mantenemos nuestra propia esencia. Tenemos un potencial impresionante, tan sólo falta canalizarlo de forma exitosa. Y en eso andamos.

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